Fundamentos de las vacunas RNA

Recientemente se ha hablado mucho sobre las vacunas RNA como algo que surgió en el año 2020, sin embargo, este tipo de tratamientos ya se estaba contemplando muchos años antes como posibles terapéuticos para algunos tipos de cáncer o incluso para el resfriado común. El objetivo de estas vacunas es el de potenciar la respuesta inmune natural del cuerpo y es generalmente el mecanismo habitual de las vacunas convencionales, pero la principal diferencia consiste la manera de presentar el organismo a reconocer .

En las vacunas habituales se suele introducir una versión inactivada o atenuada del organismo que se pretende reconocer por el sistema inmunitario, mientras que en las vacunas RNA se introduce un trozo de material genético que codifica para la producción de una de las proteínas presentes en el organismo a atacar (en este caso, la proteína spike del virus SARS-CoV-2). Debido a que las técnicas de Biología Molecular tienen limitaciones biofísicas, requiere de muchísimo tiempo e intentos fallidos, así como una gran inversión de recursos económicos para conseguir una versión atenuada o inactiva que desate una reacción inmunitaria en forma de vacuna convencional. 

A los investigadores se les ocurrió que si no podíamos sintetizar en el laboratorio una versión óptima de vacuna convencional en tiempo récord, ¿por qué no le damos las instrucciones a nuestras células para que produzcan la proteína que el sistema inmune naturalmente ya reconoce cuando ataca al nuevo coronavirus? de esta forma, únicamente estamos introduciendo un componente del virus que no tiene capacidad infectiva y que entrenará al sistema para detectarlo como un cuerpo extraño al que atacar.

Esta técnica de Ingeniería Genética lleva ya una larga trayectoria. En un laboratorio de Biología Molecular es habitual producir una secuencia de ácidos nucleicos (comúnmente DNA) que se introduce en una bacteria como Escherichia coli para que dicha bacteria sintetice la proteína a obtener. Yo misma empleé esta tecnología durante la carrera, máster y doctorado. Gracias a estas técnicas se produce la insulina humana o un precursor del taxol, molécula ampliamente utilizada como quimioterapéutico (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11553461/), así como otras biomoléculas. 

Volviendo a la vacuna, para que las células humanas sinteticen la proteína del virus, es necesario que el RNA que codifica para la proteína se internalice en la célula. Para ello, el RNA se coloca dentro de una especie de esfera compuesta por lípidos, esta esfera se acercará a la membrana celular (bien por un receptor o por propiedades electrostáticas) y se introducirá en la célula. Una vez dentro, el RNA se libera en el citoplasma y los ribosomas se asociarán y producirán la proteína (https://blogs.sciencemag.org/pipeline/archives/2021/01/11/rna-vaccines-and-their-lipids https://www.future-science.com/doi/full/10.4155/tde-2016-0006). Tras la producción de la proteína spike (el antígeno), las células inmunitarias detectan su presencia y se estimula la producción de anticuerpos anti-proteína spike. En el momento en el que la persona vacunada esté en contacto real con el virus, su sistema será capaz de reconocer rápidamente al antígeno spike natural del coronavirus y a través de los mecanismos inmunológicos habituales, se deshará del virus. Cabe destacar que hay un tiempo de latencia entre la administración de la vacuna (primera y segunda dosis) en el que el cuerpo aún no ha tenido tiempo de desarrollar la respuesta inmunitaria y todavía es susceptible a la infección por el virus.

Una de las reservas que tiene la población general es el temor a que este trozo de material genético se integre en nuestro DNA, este temor no tiene fundamento biológico, puesto que lo que se introduce es RNA mensajero y no disponemos de la enzima transcriptasa inversa para convertirlo en DNA, evadir las restricciones bioquímicas para poder transportarlo hasta el núcleo de la célula y dar las condiciones perfectas y prácticamente aleatoriamente imposibles para que se integre en nuestro material genético. 

Otra de las reservas suele ser la desconfianza que genera el desarrollo de una vacuna con tal velocidad, pero dado que el conocimiento científico es acumulativo y no partimos de cero, además de la ingente cantidad de tiempo y dinero que se ha invertido; sumando la colaboración conjunta de equipos de investigación de todo el mundo y la virtual fusión de las tres primeras fases de ensayos clínicos en una, se ha conseguido llegar a varios candidatos de vacuna que aporta cierta garantía y una buena relación riesgo/beneficio para la población. 

No obstante, y al igual que con las vacunas convencionales, hay ciertos grupos poblacionales para los que está desaconsejada su administración, entre los que se encuentran personas con dolencias relacionadas con el sistema inmunitario. En estos casos, dependen de las medidas de distanciamiento social y de conseguir en algún momento la ansiada inmunidad de grupo. 

En  conclusión, invito a reflexionar sobre qué efectos adversos estamos dispuestos a asumir: si los efectos muy a menudo desastrosos de pasar la enfermedad o los posibles efectos observados (principalmente locales y muy autolimitados) tras la administración de la vacuna (https://science.sciencemag.org/content/370/6520/1022). 

 

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