Konrad Lorenz: Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros

Análisis literario.

Nunca antes, un dramaturgo o novelista experimentado ha logrado transmitirme de tal manera un amor tan grande hacia nuestros congéneres animales como lo ha hecho Lorenz en este libro.

Algunos me tacharéis como soñadora, otros como ilusa; pero el paso de las páginas se me hacía cada vez más corto a medida que iba leyendo este libro.
Bien podría considerarse como una obra bastante amena, sencilla, pero con descripciones minuciosas sobre el comportamiento de los animales que Lorenz observaba; también llega a cautivar hasta el lector menos voraz.
Se trata de un libro escrito en un lenguaje sencillo, ideal para todas las edades; de hecho, yo recomendaría a cualquier padre de familia leerle un pequeño pasaje de este libro a sus hijos antes de irse a la cama, pues resulta muy fácil ser contagiado por el interés y las risas que pueden salir en esta lectura. El libro perfecto para sacar el naturalista que tenemos dentro.

Podría describir que al paso de esta lectura, pude gozar todas y cada una de las páginas que tenía delante de mis ojos; aunque no todo podría describirlo como un lecho de rosas, sino que mi lectura empezó un poco decaída en el principio ya que no encontraba nada apasionante en el hecho de que alguien me describa cómo construir un acuario. Al principio me parecía un manual de observación apto para niños de seis años, no llegué a entender que realmente estaba rompiendo ciertos paradigmas y no valoraba realmente lo que intentaba transmitir en sus primeras páginas.

Finalmente llegué al momento en que describía las luchas entre los peces, me hizo remontar a mis primeros años de vida en los que vi cómo moría el pez de mi hermana ya que mi madre había juntado dos peces combatientes en la misma pecera; obviamente mi ella desconocía que estos dos lucharían hasta que uno quedase mortalmente herido. Estoy segura que si muchos de nosotros hubiésemos leído este libro desde nuestra más tierna infancia, adquiriríamos un gran sentimiento de responsabilidad y conocimiento sobre qué se debe hacer y qué no con determinados animales.

Durante mi lectura, pensaba que a medida que seguía se iría complicando cada vez más; pero era sorprendente ver que no fue así. Cierto es que, para ser científico, Lorenz hace uso a momentos de un lenguaje bastante poético que a ratos me parecía que rozaba lo empalagoso. Aquellas descripciones frías y calculadoras que podría haber hecho, las hacía bastante estéticas y armoniosas; inclusive el presenciar cómo la larva de dístico engullía a un renacuajo (algo que no inspiraría mas que asco al lector promedio), lo convierte en una lucha novelesca y dantesca, que produce una sensación de “¿Y luego qué sucede?” que evita que cierres el libro en ese instante. Cabe mencionar que, aunque haga un uso del lenguaje bastante peculiar en el sentido que parece más una obra de un literario que de un científico, las descripciones científicas no están ausentes.

A continuación haré menciones sobre las partes que me han parecido dignas de hacer mención según se va adentrando uno en esta lectura tan interesante.

LOS ANIMALES PUEDEN RESULTAR INCÓMODOS
Seguramente es lo primero que un padre puede pensar justo cuando su hijo lleva a casa algún ejemplar. Este capítulo lo recomendaría expresamente a personas que desean tener una especie de zoo en casa, pero no están en absoluto interesados en conocer el trabajo que puede llegar a dar.
Lorenz describe con todo lujo de detalles los inconvenientes más grandes que ha tenido con sus animales, seguramente haría que más de una persona se replantease el tener ese animal en su casa.

Especial atención recibió la parte en la que relata el cómo Gloria (una hembra de mono capuchino) causó tremenda avería eléctrica en cada de Lorenz, parece ser que mientras él se encontraba fuera, había arrastrado una lámpara de bronce y la golpeó contra el cristal del acuario a modo de ariete; quedando hundida por el agua y produciendo el apagón. Esta es una de los actos que demuestran el nivel de inteligencia de estos animales y que cuanto más inteligentes sean, más sopesan el encierro en jaulas. Lorenz lo comenta igualmente pero con más detalle en el capítulo “La compasión hacia los animales”.

Otra de las partes de este capítulo que me resultó hilarante, fue el relato sobre su esposa con el parasol. En este relato menciona que llegó a haber de entre veinte y treinta gansos posados en su jardín, dicho jardín que cuidaba con esmero su mujer y que aparentemente gozaba de preciosas flores. Pues al imaginarme el desastre que estarían causando los gansos y a su mujer intentando ahuyentarlos con el parasol para evitar peores desgracias, provocó que saltaran lágrimas de risa ante la imaginación de tal escena.

Finalmente, Lorenz da a entender que cada animal es eso: un animal y no podemos esperar que tengan un comportamiento similar al de un burgués, sino que dependiendo de cada tipo de animal que se tenga, tendremos que sopesar determinado tipo de incomodidad. Desde limpiar sus desechos, hasta recurrir a comprar nuevos muebles para la casa.
Entonces, ¿qué animal no produce incomodidades? Lorenz siempre tiene una solución para todo: y en este caso hace referencia a lo fácil que es mantener un acuario. ¿Quién esperaría que un pez ensuciara la alfombra? ¿O que como Gloria, sea capaz de causar un cortocircuito en casa? ¿O que destruya las flores del jardín?

ALGO QUE NUNCA PUEDE CAUSAR DAÑO: UN ACUARIO

Haciendo referencia al capítulo anterior, y obviando algunos detalles de sus numerosos relatos, Lorenz menciona cómo es posible mantener un acuario.
Un acuario tiene que cubrir determinados “estándares” (por así llamarlo), un acuario tiene que ser capaz de mantenerse por sí solo, un acuario no tiene que tener una superpoblación, un acuario de estas características permanecerá limpio.

¿Cómo puede ser esto posible? Estamos tan acostumbrados a ir a las tiendas de animales, comprar un pez, una pecera y un sistema de oxigenación… en general, equipos carísimos que únicamente harán que la supervivencia de estos animales se limite a unos cuantos días, años o meses. Pero es eso: supervivencia porque no se trata de un pequeño ecosistema en nuestra casa, un ecosistema autoregulable.

Montando nuestro propio acuario
Si tenemos la suerte de tener una charca cerca de nuestra casa, podríamos improvisar una red para pescar algunos ejemplares (obviamente ha pasado mucho tiempo desde este escrito suyo, pues seguramente ahora todo está extremadamente protegido y casi no se puede hacer nada de lo que escribo a continuación). Alguno de los ejemplares más importantes en nuestro acuario será una planta acuática, ya que ésta suministrará oxígeno al ambiente y no habrá necesidad de un aparato externo para realizar dicha función, también es muy importante que si se consigue pescar algún pez, éste esté en un periodo de cuarentena antes de juntarlo con los demás, ya que podrían propagarse infecciones que terminen con la vida de todos los ejemplares.

Es una lástima que muchas de las personas no posean el entusiasmo que tiene Lorenz para la observación. Conozco muchísimas personas que no les inspira absolutamente nada ver un acuario y no encuentran la magia que está encerrado en el mismo: un ecosistema.
“La planta consume el anhídrido carbónico que el animal cede en su respiración, y, a su vez, produce oxígeno.” Del mismo modo, la planta puede usar los productos de desecho y los seres muertos como nutrientes dando como resultado un ciclo completo.

Mención hace también al cuidado que hay que poner, ya que una vez alcanzado este equilibrio, la introducción de otro espécimen (que es bastante tentador) puede destruir por completo este pequeño ecosistema. Del mismo modo, recomienda instalar el acuario en primavera y que la planta sea joven, ya que un ejemplar adulto puede perder parte de su belleza.

Es interesante ver cómo dos acuarios separados pocos metros entre sí, pueden ser tan distintos uno del otro. Es interesante ver cómo Lorenz describe algo tan aparentemente sencillo que cualquier persona podría ver como “una caja de vidrio con peces” en un ambiente lleno de vida, interesante y encantador. Es esto lo que me encanta de Lorenz, estoy acostumbrada a ser la persona extraña que se fascina por las cosas simples, pero la gente se olvida en realidad de que lo aparentemente más simple, puede entrañar dentro series novelescas interesantísimas.

DOS ANIMALES DE PRESA EN EL ACUARIO

Acerca de las series novelescas que hacía mención anteriormente, quería hacer relación a este capítulo. Podría decir que fue el capítulo que me resultó menos interesante de todos en el sentido que ya conocía las luchas que se pueden llevar a cabo en la cadena trófica, también podría ser porque fue el único que no me hizo saltar alguna risa escondida.

Aquí menciona que no todo es paz en un acuario, también se pueden ver escenas poco agradables en las que participan las larvas de dístico. Este animal se mueve con bastante facilidad en el medio acuático, capturando presas y engulléndolas, su modo de cazar es de la siguiente manera:

El animal permanece inmóvil sobre una planta acuática, hasta que divisa a su presa y se lanza en dirección a ella hasta que queda entre sus tenazas. Éste entonces secreta unas enzimas que permiten la digestión fuera de su cuerpo para luego sorber el líquido, menciona que la mordida es incluso dolorosa para el hombre y que se lanza contra todo lo que sea un animal.

El otro animal de presa al que hace mención, es a las larvas de Aeschna, que al igual que la larva de dístico, se lanzan en dirección a su presa. A diferencia de las larvas de dístico, la Aeschna no ataca a los animales que superan determinado tamaño y pueden aguantar también semanas sin obtener comida.

SANGRE FRÍA

Cualquiera que haya tenido en casa un pez combatiente, sabe muy bien que no debe juntarlo con otro macho de la misma especie, pues pueden disputarse luchas que podrían llegar a acabar con la vida de uno de los dos debido a la intensidad de sus heridas.

En este capítulo relata con detalle cómo es el combate de estos peces y los compara con las luchas que se dan entre los peces espinosos.

Durante el primer encuentro entre dos peces combatientes, se muestran sus aletas y cada uno suele desplegar su magnificencia antes de la pelea. Durante la lucha, las aletas quedan deflecadas, Lorenz desmiente el hecho de que se peleen a mordiscos, sino que menciona que es un ataque a puñaladas. Al final uno de los termina mortalmente herido.
En cambio para el espinoso, éste escoge un sitio para hacer su nido y lo defiende como su territorio éste sigue la estrategia del burgués y mientras se encuentre en lo que considera su hogar, puede luchar por defenderlo.

Cuando se encuentran dos machos, éstos no se amenazan como en el caso de los combatientes, sino que se suceden a golpes. En estos tampoco se pueden apreciar heridas a simple vista, además Lorenz hace una aclaración sobre que el espinoso no utiliza su espina ventral como arma.

Sobre el amor, estos dos peces son distintos también. Mientras que el combatiente elabora su nido en la superficie con burbujas de aire, el espinoso lo hace en el fondo; aunque quienes se encargan de ello en ambas especies son los machos y no las hembras.

Otro de los experimentos que realizó Lorenz fue ver si los peces Herichthys cyanoguttatus eran monógamos, si identificaban a su hembra. Pudo comprobar que mientras que al macho se le diera una hembra con buenas características, éste notaría el cambio si se le da otra con menos dotes; a diferencia del otro caso, para el macho que tuvo la hembra menos dotada (aunque estuviese en la misma etapa hormonal) se conformaba con el cambio.

SEMPITERNOS CAMARADAS
Este ha sido uno de los capítulos que acaparó más mi atención, aquí menciona sus vivencias con Choc y sus grajillas. Describe que pocas aves y en general pocos animales superiores tienen tan desarrollado el sentido de la vida familiar.

Justo cuando Choc fue capaz de volar, éste seguía a Lorenz a donde fuera. También menciona que no cree que haya aprendido de ningún otro animal tantas cosas y tan esenciales como las que le enseñó Choc.
Las aves de criadero que nunca han conocido a sus semejantes, desconocen a la especie a la que pertenecen y eso demuestra muchas veces el por qué hay aves que llegan a cortejar a otro macho o hembra de una especie distinta.

En 1927 crió catorce grajillas aunque él lo atribuye a Choc, estaba seguro de que no podría repetir los experimentos que llevó a cabo con él para las otras catorce; aunque también tuvo resultados sorprendentes.

Las grajillas carecen de instinto para huir de depredadores, cosa que no ocurre con otras especies; tienen que aprender de otros adultos para no caer presas en las fauces de un gato. Por tanto, el reconocimiento del enemigo no es instintivo en estas aves, pero sí el comportamiento de ataque a otros animales como cuando vieron que Lorenz tenía a una de ellas en sus manos, del mismo modo ocurría con objetos que colgantes de color negro, como un bañador; esto no ocurría si tenía en sus manos a una grajilla aún sin plumas, parece ser que es el color y la forma lo que les atrae.

Las grajillas tienen un sistema jerárquico también, que no sólo depende de los caracteres físicos, sino también del aplomo personal del ave. Se puede observar que tienden a tener disputas con congéneres de una categoría inmediatamente inferior al suyo, es asombroso el parecido que puede haber en este sistema gregario social con la especie humana; pues también suele darse el caso de que una grajilla hembra de menor categoría pueda emparejarse con un macho de mayor categoría, pero no al contrario. Al mismo tiempo, se podría decir que estas aves son monógamas.
Existe también un comportamiento digno de resaltar, y se trata del cortejo en la que la hembra se acerca al macho en su forma más vistosa, agachándose y agitando sus alas y cola. Normalmente éste comportamiento va seguido de la cópula, pero estos movimientos se han ido ritualizando, pues las hembras ya emparejadas siguen realizando este movimiento y ha cambiado de ser un comportamiento con connotación sexual a simplemente expresar sumisión al macho.

Una de las partes que me provocaron una risa ensordecedora, fue cuando leí que Lorenz había perdido a su colonia de grajillas; esto fue bastante duro para él, pero su remedio fue el siguiente: subir al desván, llevarse una enorme bandera amarilla y negra, se subió al tejado y empezó a gritar estridentemente ondeando una y otra vez la bandera. Con esa llamada estaba logrando que sorprendentemente las grajillas volvieran al grito de KIU KIU. La gente empezó a congregarse alrededor de su casa, para observar semejante escena y yo siendo partícipe de ella en su relato no hice más que reír.

EL ANILLO DEL REY SALOMÓN
En este capítulo, Lorenz cuenta la historia del Rey Salomón, quien al estar en posesión de un anillo era capaz de hablar con todo tipo de animales. Sólo hizo falta que un ruiseñor le dijera que una de sus novecientas noventa y nueve mujeres amaba a otro hombre para deshacerse de él y empezar a sentir desprecio por los animales.

Lorenz menciona este relato en el sentido de que sin tal encantamiento, los seres vivos nos cuentan las historias más maravillosas a quien sepa escucharlos. Los animales no poseen un lenguaje tal cual como nosotros interpretamos, pero sí se puede decir que cada especie de un animal superior y haciendo énfasis en las especies sociables poseen un código de señales que se compone de movimientos y sonidos expresivos.

Menciona lo que todos los que hayamos poseído un perro en nuestra casa, de que Tito (su perra pastor) era capaz de entender de manera cuasitelepática si una persona era de nuestra comodidad o si por el contrario, nos incomodaba de sobremanera. Lorenz no fue capaz de descifrar en su totalidad cómo era capaz de detectar los movimientos clave de una persona para reaccionar exactamente como queremos. Yo puedo ver eso en mis perros, e incluso la doncella que tengo en casa suele decir “es más listo que el hambre”, que lo entiende todo. Parece ser que tendemos a humanizar cada vez más los comportamientos de los animales en lugar de ver que nosotros somos realmente más animales de lo que creemos.

¿Qué pasa con estos otros animales “calculadores”? evidentemente no saben realizar operaciones aritméticas, como aquel caballo que decían era capaz de decir cuál era la raíz cúbica de 8. La realidad es distinta, basta que tengamos ciertos movimientos mímicos para decirle al animal lo que debe hacer, muchos de ellos imperceptibles para el ojo menos experto.

¿Los papagayos hablan realmente? ¿Son capaces de usar un lenguaje para indicar necesidad? Lorenz menciona que por más que lo intentó, nunca fue capaz de que un ave de inteligencia superior sea capaz de decir una palabra acorde a las necesidades fisiológicas del animal, como podría ser pedir comida o agua. Bien son capaces de imitar nuestro vocabulario, pero no adquieren el significado real y semántico tal cual. Por lo tanto, se puede decir que no usan nuestro lenguaje.

NUESTRA PEQUEÑA MARTINA
En este capítulo, Lorenz relata cómo crió un ganso hembra accidentalmente. Martina salió del cascarón después de haber tratado al huevo los dos últimos días en una incubadora, por tanto, él fue lo primero que vio Martina y en seguida lo empezó a tratar como su madre. ¿Qué ocurriría después?, relata pues, que la labor de hacer de madre era bastante demandante, pues inclusive dormía con Martina al lado de su cama pues ésta no se separaba en absoluto de él. Lorenz había confiado el resto de huevos a otra oca, quienes reaccionaron ante ella como su madre; por tanto, también podría ser momento de confiar a Martina a esta oca y adoptar a los otros pollos como sus hermanos.

Martina no aceptaba a su madre sustituta y Lorenz no tuvo mas que resignarse ante su nueva responsabilidad: criar a Martina como si él fuera una oca e intentar integrarla en el grupo de los otros pollos. También relata cuáles eran los sonidos específicos que debía emitir para que Martina siguiera sus pasos, ante una llamada triste del tipo “vivivivi” de Martina, él respondía con “gang gang gang”, finalmente ella se tranquilizaba y dejaba de emitir el sonido de desolación. Resultó para él, una tarea similar a la que realiza un matrimonio que acaba de tener un hijo en el cual se tienen que levantar repetidamente de la cama durante la noche para calmar al pequeño.

Los otros diez gansos nacieron casi simultáneamente y por tanto, todos permanecían juntos. Martina formaba parcialmente parte del grupo, pero si se separaba de él no era especialmente traumatizante; mientras que dentro del grupo de los diez que nacieron juntos si tres se quedaban lejos del resto, emitirían chillidos de desasosiego. Por tanto, cuando Lorenz salía de casa, tenía que llevarlos a todos en un cesto.

Durante la primavera, él estuvo haciendo de madre para estas aves, hasta que en el verano finalmente mudan y emprenden su primer vuelo.

HAZME CASO Y NO COMPRES NINGÚN PINZÓN
¿Qué quiere decir realmente Lorenz en este capítulo? El autor menciona en este apartado la importancia de tener el animal adecuado en casa, como todos sabemos, los amantes de la naturaleza quieren tener diversas especies en casa, mientras más extravagantes y difíciles de cuidar, representa para muchos de ellos un motivo de orgullo cuando en realidad están haciendo un verdadero daño a sus animales.

Hace mención que la mayor parte de las tiendas de animales no saben aconsejar al comprador, el autor menciona que los animales que nunca deben tenerse en casa son aquellos que no pueden acostumbrarse a vivir en casa de uno y aquellos que simplemente el posible dueño no pueda aguantar. Uno debe tener un animal acorde al tiempo y esfuerzo que estemos dispuestos a dar.

Lorenz recomienda tener una pareja de camachuelos, aunque en mi opinión y conociendo personas que tienen parejas de aves, no es muy agradable levantarse temprano por la mañana con el sonido estridente de la pareja. Donde sí estoy de acuerdo con él, es en la elección de un perro si queremos tener a alguien que se alegre al vernos volver al hogar; a diferencia de lo que muchas personas creen, el perro es del dueño y no de la casa. Al animal no le importa realmente si se vive en una casa grande o pequeña, mientras esté con su amo. Otra cosa es ya si el perro es de una raza enérgica y sea inquieto, entonces es recomendable siempre investigar un poco de la raza que se adecúe más a nuestras ofertas.

Un ave que puede ser muy parecido a la fidelidad del perro, menciona que es el estornino aunque precisa atención desde joven, ya que no se le puede adquirir ya formado. En sí, en cuanto a aves, tanto el estornino, el lúgano y el camachuelo menciona que desarrollan un afecto personal con el dueño. En cuanto a los córvidos, son aves muy inteligentes que también pueden llegar a ser buenos compañeros.

Uno de los mejores consejos aquí mencionados es aquel de nunca meter animales enfermos ya que muchos están ya directamente condenados a la muerte, también es importante no dejarse influir por el precio.
El sufrimiento de un animal suele estar directamente relacionado con su desarrollo psíquico, así pues un mono confinado en una jaula es directamente una tortura para él.

¿Qué pasa entonces con los pinzones? Menciona pues que es un ave que suele revolotear asustada en su jaula, que ante el mínimo movimiento moderadamente brusco, el ave revoloteará y chocará repetidas veces contra su jaula poniendo en peligro su plumaje. Por más que se intente mancillar, será tarea imposible de lograr.

LA COMPASIÓN HACIA LOS ANIMALES
Este es el capítulo más corto del libro, resumiendo bastante, menciona sobre el verdadero significado de un animal en cautividad. Reitera y hace énfasis en que un animal mientras más desarrollado esté psíquicamente, más tenderá a sufrir si se le encierra.

Se puede hacer notar que Lorenz no soporta ver un animal sufriendo. A mí me dio un verdadero sentimiento de lástima el leer que a los cisnes cantores les amputaban parte del ala para impedirles el vuelo.

LA MORAL Y LAS ARMAS
Este capítulo podría decir que fue el que más me ha aportado algo nuevo que desconocía sobre los animales. En pocas palabras, si un animal ha nacido potencialmente peligroso, también ha desarrolla una especie de autocontrol para usar sus armas naturales.
Toda arma conlleva una gran responsabilidad, y bien, muchas personas no verían en las adorables liebres una pelea sanguinaria, o en los corzos, o en un par de tórtolas un posible desenlace de lo más sangriento y desagradable.

En el caso de las tórtolas, Lorenz menciona que durante su marcha a Viena, dejó juntas un par de tórtolas: una manda y una hembra de tórtola africana. Nada más volver de su marcha al día siguiente vio que el macho estaba tendido en una parte de la jaula, desplumado desde el dorso del cuello hasta la base de la rabadilla, picoteado formando una herida amplia mientras que la efectora seguía picoteando una y otra vez las llagas sin darle descanso alguno. Era una matanza lenta y dolorosa, de lo más escalofriante

¿Qué pasa entonces con los animales potencialmente peligrosos? Deben ser aún más sanguinarios que las dulces tórtolas símbolo del amor. Pues no, todo lo contrario.
Como ejemplo, ponemos la lucha entre lobos.
Un lobo viejo se estaba enfrentando con otro de menor tamaño, empezaban a lanzar mordiscos al aire pero sin infringir heridas significativas, si acaso, un labio cortado. Poco a poco, el lobo que iba ganando seguiría luchando, podría intentar dar un último mordisco en la yugular para terminar con la vida del otro combatiente. Pero es entonces cuando parece que todo va a terminar, los dos permanecen quietos y hombro con hombro, entonces uno ofrece el cuello al otro; el ganador podría haberle matado en ese instante, pero parece ser que ante el ofrecimiento de su vida, le es perdonada. Fin de la pelea.

¿Cuál es la razón de estas inhibiciones? Pues simplemente porque por supervivencia de la especie, podrían llegar a aniquilarse entre ellos. Los otros animales no armados, no necesitan estas inhibiciones ya que sólo podrían causar cierto grado de heridas y ante el primer ataque pueden huir como en el caso de las tórtolas.

DESPUÉS DE TODO, LA FIDELIDAD EXISTE
En este capítulo, Lorenz describe el carácter del perro según su acercamiento filogenético con el lobo o el chacal. Precisamente debo hacer hincapié en que estudios recientes sitúan a todos los perros como la misma especie del lobo Canis lupus y no una especie independiente y separada como menciona el autor en su libro.

También hace mención de la selección de razas, y comenta su caso personal en el que su mujer tenía cierto empeño en conseguir camadas de Chow de raza pura, la perra “Pygi” se cruzó con el perro pastor “Bubi” de Lorenz y posteriormente no hubo manera de hacer que Pygi lograra cruzarse con un macho de raza pura chow.

Lo que menciona también, es que si una persona quiere un perro fiel y que sea realmente suyo es recomendable tenerlo y criarlo desde su juventud. Para Lorenz, poseer un perro significa elaborar un vínculo inamovible con la Naturaleza, un compañero que te seguirá siempre y estará esperándote hasta la vuelta a casa.

REÍRSE DE LOS ANIMALES
Finalmente hemos llegado hasta el final, puedo deducir por este capítulo que a Lorenz no le agrada ver a las personas que encuentran cómicos a los animales. En parte estoy de acuerdo con él, por supuesto ya que tendemos a humanizar sus comportamientos y extrapolarlos al humano. Por otra parte, el carácter impredecible de algún animal también puede hacerme soltar alguna risa floja.

Quisiera señalar que me gustó la parte en la que el autor intentaba hacer que la prole de patitos le siguiera, éste notó que debía permanecer agachado, pues de otra forma no andarían. Debería ser bastante hilarante encontrarse en el jardín con esta persona emitiendo sonidos e imitando un pato, sería ideal para estudiar tanto o más que a los animales en sí.

Como conclusión con respecto al libro, lo describiría como un libro de vivencias, carece de datos estadísticos y de más ensayos y por tanto, no lo consideraría un texto científico sino una especie de novela que comentar para amenizar una cena o un texto para pasar el tiempo. Sin duda, si yo tuviera hijos, les leería un pasaje de este libro cada noche antes de dormir. Es sumamente fácil de leer aunque tenga algunos errores gramaticales en la versión traducida.

Es bueno como introducción al estudio del comportamiento animal, más que nada para dar a entender que no todo son datos recopilados en un laboratorio sino que la observación es lo principal. Este libro carece por completo de datos estadísticos y de tests de fiabilidad, así como más datos como fruto de la observación, pero es bueno como texto divulgativo.

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